Foro 100xCiencia

Pues hemos ganado!

Mañana Martes 6 de Octubre me voy al Foro 100xCiencia en La Palma, a pasarlo genial, a aprender un montón y a conocer a mogollón de gente interesante.

Muchísimas gracias por los votos y muchas gracias a la organización por elegir mi vídeo e invitarme. Sin duda sacaré provecho de esto.

Aquí os dejo el vídeo por si no lo habéis visto.

Y aquí la nota de prensa al respecto del premio.

Y ya os contaré 🙂

PELIGRO! La leche NO es mala

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¿Seguro?

Y digo peligro, porque lo es seguir creyendo que la leche es mala. Igual hay suerte y algún lector de Impaciencia no ha oído la reciente tendencia a satanizar la leche (o la lactosa) e incluso todas las proteínas animales. Esto se debe a la “Dieta Alcalina”.

Antes de seguir aclaremos brevemente lo que es el pH: El pH es la medida de cómo de ácido o básico (alcalino) es un líquido. La escala va de 0 a 14, siendo 0 completamente ácido y 14 completamente básico.

Para lo que no sepan de qué va la dieta alcalina, esta se basa en la creencia de que ciertos alimentos afectan la acidez de los fluidos corporales, como la orina o sangre, y que pueden ser utilizados para tratar o prevenir enfermedades. Cuando degradamos los alimentos que ingerimos, nos quedamos con algunos productos de desecho, a veces llamados cenizas. Esta ‘ceniza’ puede ser ácida o alcalina, dependiendo del contenido de proteína, azufre o minerales que contengan dichos alimentos. Los partidarios de la dieta alcalina aseveran que el consumo de alimentos que deja muchas cenizas ácidas como deshecho afecta a nuestro pH sanguíneo y ello nos hace vulnerables a las enfermedades. Para combatirlo, aconsejan comer una dieta rica en alimentos alcalinos, y de ese modo protegerse de todo tipo de enfermedades, incluyendo osteoporosis, cálculos renales, piedras en la vesícula, cáncer, artritis y diabetes entre otras.

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Suena genial, ¿verdad? Pues como todo lo que suena demasiado bueno para ser verdad, no lo es.

Sabemos que una dieta occidental típica (alta en cereales y carnes rojas combinado con un bajo consumo de vegetales de frutas) tiene carga ácida alta. Obviamente, este tipo de alimentación choca con las recomendaciones dietéticas actuales y a largo e incluso medio plazo puede tener un efecto negativo en nuestra salud. Pero no es porque formen ácidos, los alimentos que forman ácidos no son necesariamente malos para la salud. Una dieta se juzga como un todo y no sólo en los alimentos individuales. Muchos de los alimentos que causan ‘ceniza ácida’ son nutritivos y pueden compensar como parte de una dieta sana y equilibrada, como carnes, pescados, lácteos, judías y granos enteros.

Sin embargo, los defensores de la dieta alcalina no están de acuerdo con esto. Afirman que al comer alimentos que forman cenizas alcalinas, se puede evitar la creación de un ambiente ácido en su cuerpo. Sugieren que mediante la modificación de su dieta, se puede cambiar el pH de la sangre y a menudo animan a comprobarlo mediante el pH de la orina.

Vayamos por partes. La primera mentira es que podemos cambiar el pH de nuestra sangre. Nuestras células funcionan dentro de un estrecho rango de pH, y esto está minuciosamente controlado por mecanismos finamente sintonizados que trabajan para corregir cualquier desequilibrio. En condiciones normales, el pH de la sangre es ligeramente alcalino (alrededor de 7,4). Todos los productos de desecho que amenazan este entorno se tratan rápidamente antes de que estos cambios pueden tener un impacto en la salud. Es cierto que si la sangre se vuelve ácida vamos a enfermar gravemente de algo llamado acidosis metabólica, pero esto sólo se produce debido a una condición grave, donde el cuerpo no está funcionando como debería y no por algo que comamos o dejemos de comer.

Pero no queda ahí. La idea de que se puede comprobar el pH de nuestro cuerpo analizando el de nuestra orina es también falsa. La dieta puede cambiar el pH de la orina porque nuestro cuerpo trabaja para mantener el equilibrio del pH de la sangre de alrededor de 7,4, por ello, el pH de la orina no es un reflejo de que el pH de la sangre (o cualquier otra parte del cuerpo). Es simplemente una indicación de que los riñones están haciendo su trabajo. Cualquiera que sea el número o color que aparece en la tira medidora de pH, si estamos sanos, podemos estar seguros de que el pH de la sangre es de alrededor de 7.4

Lo sorprendente es que los partidarios de esta dieta reconocen que los mecanismos homeostáticos controlan el pH del cuerpo para mantenerlo estable. Sin embargo, proponen que la actividad metabólica necesaria para neutralizar la acidez en la sangre puede causar la enfermedad, tales como la osteoporosis y el cáncer.

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Ejemplo de uno de los muchos carteles de alerta y falsos que puedes encontrar.

Dado que son dos enfermedades muy graves y con muy alta incidencia, es un poco temerario exclamar que tienes la cura así como así, a no ser que quieras dar falsas esperanzas basadas en el miedo a la enfermedad y con ello ganar adeptos a tu causa infundada.

En cuanto a la osteoporosis:

La teoría sugiere que los minerales necesarios para neutralizar la ceniza ácida (calcio) proviene de los huesos, lo que aumenta el riesgo de osteoporosis. Sin embargo, esto ha sido ampliamente investigado y no se ha encontrado vínculo entre el riesgo de fractura ósea y/u osteoporosis. Esta teoría también ignora en gran medida la función de los riñones en el equilibrio ácido-alcalino.

En cuanto al cáncer:

Se ha sugerido que las células cancerosas crecen en un ambiente ácido. Esto puede ser cierto (aunque depende del cáncer), pero para que la dieta pudiera prevenir un ambiente ácido, tendría que poder influir en el pH de las células y la sangre, cosa que no sucede. Curiosamente, las células cancerosas pueden crear su propio ambiente ácido, por lo que a pesar de que existe un vínculo entre las células cancerosas y la acidez, en realidad no es algo que se pueda controlar.

Es una faena, porque ojalá pudiéramos librarnos del cáncer y otras muchas enfermedades modificando nuestra dieta, pero no. Por ahora las dos cosas que podemos hacer es comer lo más sano y equilibrado posible (si quieres saber como comer equilibrado pregúntale a tu médico de cabecera, no esperes encontrar la respuesta en un blog) e instar a nuestros gobiernos a invertir en ciencia e investigación pública de calidad.

(Este artículo es básicamente una traducción de este otro)

Ciencias y letras

Si sobre la lactosa no paramos de oír cosas, no os cuento sobre los alimentos ecológicos, biológicos y orgánicos. Pues aquí está la definición (no os la leáis!):

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Bla bla bla LEY. Esto es un rollo. Mucho mejor que nos hagan una interpretación, ¿no?

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Pues cuidado con las interpretaciones, porque como se puede ver, tienen letra pequeña. Y no es que lo ecológico no lleve pesticidas, fertilizantes ni aditivos. No lleva los que la regulación de la ley europea no acepta, pero otros sí. Y en la palabra regulación radica el quid de la cuestión. Pero si queréis otro día discutimos esto, porque hay mucha gente que ya lo ha explicado mejor que yo y sobre todo porque mi principal preocupación hoy es la confusión entre los términos biológico, ecológico y orgánico.

Resulta que son sinónimos. O al menos así los usamos. Esto se debe a que en el reglamento europeo por el que se rigen este tipo de cultivos se denominan: en castellano, agricultura ecológica; en inglés, organic farming; y en francés, agriculture biologique.

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Así que para hablar con propiedad de este tema en castellano, hay que decir siempre agricultura ecológica.

Y que no se os pase, la hojita verde de arriba es la ecoetiqueta, para que si queréis comprar productos procedentes de éste tipo de agricultura, no os la cuelen los que solo lo dicen que son ECO pero no cumplen ninguna directiva.

Dos colores y un vestido

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Gracias al proceso evolutivo al que hemos estado sometidos como especie, nuestro cerebro no parte de cero. Durante la evolución, aprendimos a percibir los colores en dos paletas diferentes y repetitivas: la diurna y la nocturna.

Cuando vemos algo de determinado color es porque la luz está rebotando sobre ese objeto, entrando en nuestros ojos y llegando a nuestro cerebro, que intenta procesarlo lo más rápido posible añadiendo toda la información que tiene a su alcance. En ese proceso intenta corregir esas señales con los esquemas día o noche que conoce. (Esto en la selva puede ser cuestión de vida o muerte, ya que identificar una amenaza por su color es verdaderamente útil.)

La imagen del vestido es un ejemplo de los límites que tiene esta fantástica función de nuestro cerebro. La foto tomada en unas condiciones muy concretas de iluminación hace a nuestro cerebro saltar de una interpretación a otra. Es el mismo efecto que se puede ver en la siguiente imagen y se denomina “constancia de color”:

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“Grey square optical illusion” by Original by Edward H. Adelson, this file by Gustavb

El cerebro percibe los colores de forma diferente dependiendo del contexto en el que se encuentra y de los alrededores, tanto del espectador (tú) como del objeto (el vestido). En la imagen de arriba vemos el cuadro B más claro porque está a la sombra, y asumimos que así debe ser por comparación con los demás. Y en el caso del vestido, como no hay contexto para él, si nuestro cerebro rellena huecos con que es un día soleado y hay un cielo azul, veremos el vestido blanco y dorado. Pero si en cambio nuestro cerebro asume luz artificial, será azul y negro.

Por cierto, el vestido es azul y negro y ya se ha agotado en la tienda. Desastroso.

La lactosa y sus cosas


La lactosa es el azúcar de la leche. Al hablar de azúcares estamos acostumbrados a oír glucosa más a menudo debido a que es el compuesto orgánico más abundante en la naturaleza. La lactosa en cambio, solo está en la leche y es una suma de dos moléculas, una de glucosa y una de galactosa.

La intolerancia a la lactosa consiste en presencia insuficiente de lactasa en el intestino delgado. La lactasa es la enzima que cataliza (esto es, aumenta la velocidad de la reacción) la separación de las dos moléculas mencionadas antes, glucosa y galactosa para que nuestro cuerpo las utilice como mejor le parezca.

http://www.lactosa.org/saber.html

Sin lactasa no hay rotura de la lactosa, sin rotura no hay una buena digestión. Por eso una persona con esta intolerancia tendrá gases, hinchazón abdominal, diarreas y vómitos debido a los productos de deshecho del intento de sus bacterias del intestino grueso por descomponer la lactosa. Podemos tener todo esto o solo algunos síntomas, dependiendo de la relación entre nuestro grado de intolerancia y de cuánta lactosa hayamos tomado.

Los datos de la cantidad de población afectada por la intolerancia no son del todo fiables, pero se barajan cantidades de entre un 30-40% en España. En África en torno al 70-80% al igual que en asiáticos y nativos americanos. En cambio en el norte de Europa y Estados Unidos, el porcentaje disminuye hasta un 6-10%.

Es importante no confundir las intolerancias con las alergias alimentarias. El truco es el siguiente: Si afecta al sistema inmunitario es alergia, si solo afecta al sistema digestivo, es intolerancia. Las alergias son, por regla general, mucho más graves.

Empezamos!

 

Hola a todos, gracias por venir. No hace falta que os pongáis muy cómodos, esto será rápido.

Ciencia breve y para todos los públicos. Y si para ello hace falta llenar un erlenmeyer de cerveza, pues se hace.

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