vestido blanco

Gracias al proceso evolutivo al que hemos estado sometidos como especie, nuestro cerebro no parte de cero. Durante la evolución, aprendimos a percibir los colores en dos paletas diferentes y repetitivas: la diurna y la nocturna.

Cuando vemos algo de determinado color es porque la luz está rebotando sobre ese objeto, entrando en nuestros ojos y llegando a nuestro cerebro, que intenta procesarlo lo más rápido posible añadiendo toda la información que tiene a su alcance. En ese proceso intenta corregir esas señales con los esquemas día o noche que conoce. (Esto en la selva puede ser cuestión de vida o muerte, ya que identificar una amenaza por su color es verdaderamente útil.)

La imagen del vestido es un ejemplo de los límites que tiene esta fantástica función de nuestro cerebro. La foto tomada en unas condiciones muy concretas de iluminación hace a nuestro cerebro saltar de una interpretación a otra. Es el mismo efecto que se puede ver en la siguiente imagen y se denomina “constancia de color”:

800px-Grey_square_optical_illusion

“Grey square optical illusion” by Original by Edward H. Adelson, this file by Gustavb

El cerebro percibe los colores de forma diferente dependiendo del contexto en el que se encuentra y de los alrededores, tanto del espectador (tú) como del objeto (el vestido). En la imagen de arriba vemos el cuadro B más claro porque está a la sombra, y asumimos que así debe ser por comparación con los demás. Y en el caso del vestido, como no hay contexto para él, si nuestro cerebro rellena huecos con que es un día soleado y hay un cielo azul, veremos el vestido blanco y dorado. Pero si en cambio nuestro cerebro asume luz artificial, será azul y negro.

Por cierto, el vestido es azul y negro y ya se ha agotado en la tienda. Desastroso.

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2 comentarios en “Dos colores y un vestido

  1. Hola Esther, soy Bárbara (Madrid, Luis, Álex Briones, tal…). Que te acabo de cotillear esto, y que oye, gústame, ánimo con ello. Un apunte sobre esto, por si te inspiras para futuros posts: aprendemos a ver… lo que estamos entrenados a ver. En cuanto al contexto en el que ocurre la conducta, el prisma desde el que uno funciona (su propia historia de aprendizaje) es clave. Y es apasionante ver que los mecanismos de cómo el ser humano actúa explican de igual forma por qué uno dice “azul” y el otro “morado” cuando ve el vestido de marras.

    Y por otro lado, que estoy fascinada con el tema de la epigenética y las implicaciones que va a tener eso…

    Beso!

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